Meristemos: las plantas que tocan el cielo

En esta ocasión empezamos con una pregunta muy sencilla, pero que a muy poca gente se le ocurriría: ¿por qué las plantas siempre crecen? ¿No sería más normal que fueran como los animales, que tuvieran más o menos una forma y un tamaño determinado y que, una vez alcanzado, se mantuviera en el tiempo? Malditas plantas, siempre a su bola, haciendo lo que les sale del mismísimo brote.

 

Todos sabemos de oídas que hay algo llamado “células madre”, que pueden dar lugar a cualquier parte del cuerpo. Bueno, entendámonos, de una célula madre no te va a crecer un brazo de repente y te va a dar una colleja en la nuca, pero sí podría dar lugar a tejido nervioso, por ejemplo. La pena es que esas células madre desaparecen después de un tiempo, y ya no las volvemos a ver más. Una vez que se diferencian hacia células más especializadas, se acabó lo que se daba. Bye bye.

 

Para esto, las plantas son mucho más listas que nosotras, o más bien, sus células madre son mucho más chachis. Estas células se agrupan en un tipo de tejido (si, las plantas tienen distintos tejidos, no es todo uniforme; tampoco te sorprendas si te decimos que tienen hormonas) llamado meristemo, que es un tejido dedicado exclusivamente a la producción y diferenciación celular. Por un lado, las células meristemales (no diferenciadas) se encargan de producir células especializadas, y por el otro lado, y esta es la diferencia con los animales, se dividen para producir más células meristemales. Un truco sencillo, ¿verdad?

 

Hay muchos tipos de meristemos: por ejemplo, el que forma los vasos (si, también tienen vasos, como los sanguíneos, mira tú por dónde) de la planta se llama “cambium”, y es en parte responsable del crecimiento en grosor de los tallos. Del crecimiento en longitud se ocupan el meristemo apical caulinar (que es el que forma la parte aérea de la planta) y el meristemo apical radicular (de las raíces). Veamos cómo se organiza el meristemo caulinar, que es el más sencillo:

meristemo apical caulinar

Esta es una fotografía de la parte más alta del tallo de la planta, por donde está creciendo, arriba. Los primordios foliares, que si os fijáis nacen a los lados del meristemo, son las hojas embrionarias. Por otro lado, la túnica y el corpus se encargan de proteger al meristemo de los daños que pueda sufrir, dado que es un tejido muy importante.

 

¿Y qué pasa entonces? ¿Pueden las plantas crecer para siempre con su meristemo bien protegidito? La respuesta es que sí, que la mayoría de las plantas tienen la capacidad de crecer hasta que mueran. Hunden sus raíces en lo más profundo de la tierra, cubren la superficie con sus hojas y se emperran en acariciar el cielo durante toda su vida. Casi igual que nosotros.

El código genético le da la razón a Jesus

Cuidado, queridas lectoras, con este post nos estamos acercando peligrosamente a esa basura que llaman prensa rosa, como la salsa. Quien escribe estas líneas no sabe mucho acerca de la Pantoja o Paquirrín o algunos de esos personajes que pululan como hienas por egregios platós televisivos, pero sí puede afirmar que por fin hay un motivo de reconciliación (de verdad) entre la ciencia y la Santa Iglesia. Desde muy antiguo a la Iglesia no le gustó que la tierra no fuera plana o que los seres vivos evolucionaran, y los científicos de la época no fueron capaces de cogerle el gusto a eso de morir achicharrados. Que a más de uno le pillaron escalpelo en mano a punto de hacer una autopsia y ¡zas! ¡Te pilló la Inquisición! No deja de ser irónico que uno se convierta en lo que pretende estudiar por estudiarlo.

Bromas aparte, el motivo de reconciliación es muy serio. Se trata de aquello que dijo Jesús, aquello tan manido de “somos todos hermanos”. Pues resulta que sí, que la Biología ha sido capaz de aportar una prueba para confirmar tal hipótesis. Y esta prueba se llama “código genético”.

Si recordamos las enseñanzas de nuestro modesto y humilde amigo Crick (https://beautifulsci.wordpress.com/2013/10/18/entrevista-con-crick-desentranando-como-funciona-la-vida/), la información genética está contenida en el ADN, y para obtener algo de ella tiene que transcribirse a ARN y traducirse a una proteína. Las proteínas está formadas por aminoácidos, y el ADN por 4 nucleótidos distintos: adenina, guanina, timina y citosina. Bien, la combinación de tres nucleótidos distintos, por ejemplo, citosina-timina-timina, significan “glutamato”, que es uno de los 20 aminoácidos que existen. Estas combinaciones se conocen como “tripletes” o “codones” (leed bien, pilluelas), y son las palabras en las que están escritas el lenguaje del ADN.

Este código tiene varias características:

  1. Es específico: ningún triplete puede codificar para más de un aminoácido. Imaginaos qué lío si no, las Sodoma y Gomorra  moleculares.
  2. Es degenerado: hay 64 combinaciones de tripletes distintas, pero sólo hay 20 aminoácidos. Por tanto, a cada aminoácido le puede corresponder más de un codón, casi todos tienen tres.
  3. Es universal: el código genético es prácticamente igual para todos los individuos. El de bacterias es ligeramente distinto, pero podemos decir que hay una clara continuidad en todos los seres vivos.

Ahora bien, no hay ningún motivo para que un triplete corresponda con un aminoácido concreto. No hay ninguna razón físico-química para que citosina-timina-timina corresponda a glutamato y no a metionina, por ejemplo, sino que es “al azar”. En algún momento, al principio de la historia de la vida, se estableció este código por pura casualidad, y se ha mantenido hasta hoy, y es el que funciona en tu cuerpo y en el de tu perro y en el de tu geranio y en el del virus cabroncete que ahora mismo está intentando infectarte. Todos compartimos algo que se creó al azar, por lo tanto todos debemos provenir del ser original en el que se fraguó este código. Todos somos parientes. ¡ALELUUYA, HERMANA!!

codigo jesus

 

Por otro lado, esto nos lleva a otras preguntas. ¿La vida surgió solamente una vez? ¿Podría volver a surgir otra? No podemos dar respuesta a estas cuestiones. Puede ser que la vida surgiera una vez, se extinguiera y luego surgiera una segunda vez. Puede ser incluso que alguna vez hayamos convivido con seres con otro código genético. También puede que la vida surja de nuevo otra vez, si se dan las condiciones. No podemos decir nada sobre esto. Sin embargo, sí podemos afirmar que toda la vida tal como la conocemos, proviene de un solo organismo, creado en un momento concreto del pasado.

No creemos que esto vaya a aparecer en la portada de esa didáctica publicación llamada Interviú (o Interview para los más agraciados), pero nos conformamos con que unas cuantas lectoras la conozcan.

Fuentes:

http://aportes.educ.ar/biologia/nucleo-teorico/estado-del-arte/el-libro-de-la-vida-el-adn/el_codigo_genetico.php