Pon una pizca de Brecht a tu Ciencia: textos de “La Vida de Galileo”

¡Hola amigas!

Hoy os traemos un post con un toque diferente, un toque de Brecht. Para aquella que no lo sepa, Brecht fue un escritor alemán (su nombre se pronuncia algo así como “brejt”) de principios del siglo XX, cuya más brillante aportación fue el iniciar debates críticos en torno a diversos temas mediante una literatura exquisita y variada. Es mucho lo que debemos agradecerle.

Dentro de sus obras, “La vida de Galileo” (en original “Leben des Galilei”) se dedica a hacer una crítica de la ciencia, de sus usos y sus metas, de su utilidad y su mercantilización y sobretodo, de cómo la ciencia es la máxima expresión del pensamiento racional y su contraposición a la doctrina de la religión. Éste último es el tema central, siendo el principal problema de Galileo Galilei, el protagonista de esta obra de teatro, las trabas que se le imponen desde el Vaticano para publicar sus resultados desacreditando el modelo de Ptolomeo para explicar el movimiento de las estrellas.

Os recomendamos fervientemente su lectura. Y para abriros el apetito, aquí os dejamos algunas de las mejores reflexiones que se encuentran en la obra. Los comentarios serán más bienvenidos que nunca.

 

brecht galilei

  • Sobre la justificación del status quo por parte de la casta religiosa:

EL PEQUEÑO MONJE: De la intuición de la continuidad y necesidad sacan ellos sus fuerzas para transportar, baña-dos en sudor, sus cestos por las sendas de piedra, para dar a luz a sus hijos, sí, hasta para comer. Intuición que recogen al mirar el suelo, al ver reverdecer los árboles todos los años, al contemplar la capilla y al escuchar todos los domingos el Sagrado Texto. Se les ha asegurado que el ojo de la divinidad está posado en ellos, escrutador y hasta angustiado, que todo el teatro humano está construido en torno a ellos, para que ellos, los actores, puedan probar su eficacia en los pequeños y grandes papeles de la vida. ¿Qué dirían si supieran por mí que están viviendo en una pequeña masa de piedra que gira sin cesar en un espacio vacío alrededor de otro astro? Una entre muchas, casi insignificante. ¿Para qué entonces sería ya necesaria y buena esa paciencia, esa conformidad con su miseria? ¿Para qué servirían ya las Sagradas Escrituras, que todo lo explican y todo lo declaran como necesario: el sudor, la paciencia, el hambre, la resignación, si ahora se encontraran llenas de errores? […]En nuestra miseria no hay, pues, ningún sentido. Hambre significa sólo no haber comido y no es una prueba a que nos somete el Señor; la fatiga significa sólo agacharse y llevar cargas, pero con ella no se ganan méritos.

GALILEI: ¿Porque la llamada necesidad significa trabajar hasta reventar? ¡Y todo esto entre viñedos rebosantes, al borde de los trigales! Sus campesinos de la Campagna son los que pagan las guerras que libra en España y Alemania el representante del dulce Jesús. ¿Por qué sitúa él la Tierra en el centro del Universo? Para que la silla de Pedro pueda ser el centro de la Humanidad. Eso es todo. ¡Usted tiene razón cuando me dice que no se trata de planetas sino de los campesinos de la Campagna!

  • Sobre la finalidad de la ciencia:

GALILEI: Mi opinión es que el único fin de la ciencia debe ser aliviar las fatigas de la existencia humana. Si los hombres de ciencia, atemorizados por los déspotas, se conforman solamente con acumular saber por el saber mismo, se corre el peligro de que la ciencia sea mutilada y que vuestras máquinas sólo signifiquen nuevas calamidades. Así vayáis descubriendo con el tiempo todo lo que hay que descubrir, vuestro progreso sólo será un alejamiento progresivo de la humanidad. El abismo entre vosotros y ella puede llegar a ser tan grande que vuestras exclamaciones de júbilo por un invento cualquiera recibirán como eco un aterrador griterío universal.

  • Sobre la especialización y los recursos destinados a la ciencia:

GALILEI: Enseño y enseño, y ¿cuándo aprenderé? Bendito señor, yo no poseo la ciencia infusa como los señores de la Facultad de Filosofía. Soy tonto. No entiendo nada de nada y me veo obligado a llenar los agujeros de mi sabiduría. ¿Y cuándo podré hacerlo? ¿Cuándo podré investigar? Señor mío, mi ciencia tiene sed de saber más. ¿Qué hemos resuelto en los grandes problemas? Sólo tenemos hipótesis. Pero hoy nosotros exigimos pruebas de nosotros mismos. Y ¿cómo puedo adelantar si para poder vivir tengo que meterle en la cabeza a todo idiota con dinero que las rectas paralelas se cortan en el infinito?

  • Sobre la mercantilización:

EL SECRETARIO: Un escudo tiene valor sólo cuando trae a otro escudo. Si quiere ganar dinero debe mostrarnos otras cosas. Usted sólo puede exigir para la ciencia que vende, tanto como la ganancia que recibirá aquel que se la compra.[…] Pero esos señores que allá aplauden no pagan a la Universidad de Padua lo que usted le cuesta. Su desgracia es la ciencia que ha elegido, señor Galilei.

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Si es que la vida son dos legos…

¡Hola holita!

Antes de comenzar a leer, me gustaría que te tocaras un brazo. O una pierna, o la barriga, o cualquier parte de tu serrano cuerpo.  Tu cuerpo es un “objeto”, tiene materia. Si pregunto, alguna lista me dirá, “claro, tenemos músculos, venas, huesos…” Pero, ¿de qué está hecha nuestra materia?

El cuerpo de seres vivos está formado por una mezcla de moléculas inorgánicas (como las sales minerales o el agua) y moléculas orgánicas. Será en estas últimas en las que nos centremos en este post. Dentro de las orgánicas, distinguimos cuatro tipos fundamentales:

  • Glúcidos o azúcares. Pueden agruparse. Son así:

glucosa y glucogeno

  • Proteínas, que están formadas por aminoácidos:

aminoacido y proteina

  • Grasas, formadas en gran parte por ácidos grasos:

acido graso y triglicerido

  • Ácidos nucleicos, que están formados por nucleótidos:

acido nucleico y nucleotido

Lo que pretendemos de nuestras lectoras en este caso no es que se aprendan detalladamente la estructura de cada tipo de compuesto, sino llamar la atención acerca de una verdad como el Aeropuerto de Castellón de grande: no somos otra cosa que una bonita y compleja escultura de lego.

humano lego

Cada una de las moléculas orgánicas citadas anteriormente tiene unas unidades básicas (azúcares sencillos, aminoácidos, ácidos grasos y nucleótidos) que se pueden hacer amigas y agruparse, dando lugar a moléculas más grandes (cadenas de azúcares, proteínas, grasas y ácidos nucleicos respectivamente). Cada una de las pequeñas piezas de lego se puede ensamblar con otras piezas de lego del mismo tipo, y como nos gusta la variedad, la fiesta y el cachondeo, también con tipos diferentes.

Así, con unas poquitas piezas, combinándolas de formas distintas, podemos construir estructuras muy muy complejas, que bien organizadas pueden llegar a dar lugar a tejidos con muchas propiedades diferentes, y en última instancia a la maravilla que es un cuerpo con vida.

Para ir terminando, os vamos a regalar un poquito de ese saber que las mentes pesantes se suelen guardar para sí, y que es darle nombres rimbombantes a todo lo que se cruza en su camino. En nuestro caso, las piezas de lego se conocen como “monómeros” (mono=uno; mero=pescado, que noooo, mero=unidad), o cosa de una sola unidad, que pueden ensamblarse en “polímeros” (poli=UIP; mero=merluzo, que noooo, poli=muchos; mero=unidad).

Monómero +  monómero + monómero = polímero

Así, una unidad de glucosa sería un monómero, mientras que al polímero de glucosa lo llamamos “celulosa”, “almidón” o “glucógeno”, dependiendo de sus propiedades finales.

Y ahora tocaos otra vez el brazo, o la barriga, o cualquier parte de vuestro cuerpo. Sí, son UIPs merluzas, o polímeros.