¿Cómo mantenemos el equilibrio? I – sin movimiento

-¿Pero has visto lo que ha hecho?

-Déjale, es un desequilibrado, un día va a acabar mal.

En esta conversación tan típica, que todo el mundo ha tenido alguna vez, se pone de manifiesto lo malo que puede ser “andar desequilibrado”. Y no solamente en el sentido psicológico del tipo o la tipa a la que se le va la pelota a bailar la conga a las Chimbambas, sino también en el sentido literal, cuando nuestra mácula, graciosa residente de nuestro utrículo (y también del sáculo) y responsable de ponernos los pies en el suelo, decide también irse por ahí de juerga.

Veamos, ¿qué son el utrículo y el sáculo? Son unas estructuras alojadas en el oído interno, que como seguro habréis adivinado, nos ayudan a mantener el equilibrio cuando estamos quietos. Todo el oído interno tiene dos componentes fundamentales: uno óseo, y otro membranoso. El óseo se refiere a que el hueso temporal, donde se aloja el oído, está finamente excavado para alojar diversas estructuras. El otro componente es una membrana, que está separada del hueso por un líquido llamado perilinfa (peri=rodear; linfa=líquido), y que forma un tubo con más líquido dentro, llamado endolinfa (endo=interno). En definitiva, el oído interno no es más que un tubo relleno de líquido y rodeado de más líquido que lo separa de hueso con formas raras.

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Dicho tubo membranoso no es un tubo liso y uniforme, no. Eso sería demasiado aburrido. Es un tubo con ensanchamientos, que adopta formas muy distintas, aquí una esfera, allá una pizca de tubito circular, formando así estructuras que están conectadas entre sí. Dos de estas estructuras son el utrículo y el sáculo, donde el hueso y por ende la membrana forman una especie de saco.

Los dos sacos tienen una cosa bastante particular, y es que es donde está la mácula, en el suelo. La mácula, ese epitelio tan poco conocido y hasta desprestigiado del oído interno, es la que realmente nos ayuda a saber dónde andamos y qué hacemos con nuestro cuerpo. La mácula tiene dos partes importantes (es igual para el sáculo y el utrículo): por un lado, en el fondo, tiene un cachito de piel, y por otro tiene una especie de gelatina bastante asquerosa.

En el trocito de piel hay células sensoriales (sensoriales de las de sentir),  células de soporte, siendo las segundas las sirvientas de las primeras, ya que se encargan de mantenerlas guapas y los extremos de algunas células nerviosas. Las células sensoriales tienen una serie de prolongaciones parecidas a deditos, llamadas cilios, en la zona en la que contactan con la gelatina. Esto ahora suena a chino mandarín, pero pronto lo entenderemos.

La parte gelatinosa no es otra cosa que gelatina (polisacáridos; si no sabes lo que es un polisacárido, pincha aquí) con un componente adicional: unos cristales de carbonato cálcico y proteínas llamados otolitos (oto=oído; lito=piedras; literalmente, pedruscos de oír). Los otolitos, al pesar más que la gelatina, tienden a hacerla desplazarse con ellos según se muevan por la gravedad.

Y ahora es cuando todo esto tan extraño cobra sentido. Cuando estamos en uno posición concreta, con nuestro oído tan contento flotando en su líquido, la gelatina y los pedruscos de oír están en una posición concreta también. Los otolitos mueven los cilios en una determinada dirección. Y cuando los cilios están en una postura, las células sensoriales mandan una determinada señal, que será interpretada por en nuestro encéfalo. El quid de la cuestión es que nuestra masa gris diga, ummm, estos prolongaciones están colocadas de esta forma, así que, ummm, los otolitos deben estar en esta posición, así que… ummm esta debe de ser mi posición.

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Una vez interpretada la información, somos capaces de saber con cierta precisión en qué posición se encuentra nuestra cabeza con respecto al centro de gravedad, es decir, sabemos si estamos tumbadas, levantadas, si estamos mirando hacia arriba, si cambia la posición de nuestra cabeza…

Sáculo y utrículo comparten tanto estructura como función. La diferencia esencial entre el sáculo y el utrículo es que se sitúan perpendiculares entre sí (puedes volver a la primera imagen). Así, el utrículo registra nuestra posición y movimientos de atrás hacia delante y viceversa, y el sáculo registra los laterales, de derecha a izquierda. Teniendo estas dos coordenadas, la información que nos llega es mucho más mejor.

Y la próxima vez que os despertéis, antes de abrir los ojos, podréis daros cuenta de que sabéis en qué posición estáis sin necesidad de pensar mucho. Porque los cilios están ahí, siendo aplastados constantemente para que nosotros sepamos qué es de nuestra vida.

Por último nos cabe decir que el utrículo y el sáculo no son las únicas estructuras relacionadas con el equilibrio que hay, pero sí son las más importantes relacionadas con el equilibrio estático, es decir, el equilibrio cuando no hay movimiento. Se nos quedan para otro post los canales semicirculares y el equilibrio dinámico o del movimiento, y lo que pasa de verdad al bailar la conga. Pero esperamos que con este post hayáis aprendido cómo es que podéis caminar tranquilas.

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