¿Cómo mantenemos el sentido del equlibrio? II-En movimiento

Si has leído el post anterior, en el que desvelábamos las claves de mantener el equilibrio cuando no nos estamos moviendo, este post va a estar chupadísimo de entender. En esta ocasión vamos a ver cómo se mantiene el equilibrio dinámico, es decir, el equilibrio en movimiento.

Si recordamos lo visto anteriormente, el oído interno está formado por una serie de conductos de formas caprichosas, que están rellenas de un líquido llamado “endolinfa” y rodeadas de otro líquido llamado “perilinfa”. Sáculo y utrículo eran dos ensanchamientos más o menos globulares de este conducto, y contenían unas células sensoriales con prolongaciones, las cuales, al estar embebidas en una especie de gelatina con cierto peso, eran capaces de mandar señales al encéfalo con suficiente información como para determinar la posición concreta en la que se encuentra la cabeza con respecto al centro de gravedad.

Pero, ¿qué ocurre cuando efectivamente nos da por bailar la conga? ¿Sáculo y utrículo, esos valientes héroes que nos señalan nuestra posición en el mundo, acudirán en nuestra ayuda? La respuesta es que no. Pero a falta de dos héroes, aparecen otros tres para salvarnos.

equilibrio 3

Nos estamos refiriendo a tres tubitos del oído interno, por supuesto con su endolinfa y su perilinfa, denominados “canales semicirculares”. Lo de semicirculares se lo debió de poner alguno con la inteligencia de un percebe analfabeto, porque son canales circulares del todo.  Los tres se sitúan de forma que cubren los tres ejes del espacio (digamos, vertical, horizontal y una perpendicular a ambas), y los tres tienen un ensanchamiento llamado “ampolla”.

En la ampolla se encuentra un pariente cercano de la mácula y otro pariente cercano de la gelatina. En todo caso, hay células sensoriales con prolongaciones que se embeben en una sustancia gelatinosa. Aquí la gelatina carece de otolitos (tiene sentido, no hace falta nada que pese puesto que no se pretende detectar la gravedad) y además forma una especie de cúpula denominada “cresta ampular”.

equilibrio 4

De la misma forma que ya hemos visto, cuando nos movemos, la endolinfa que baña todo el oído interno, también se mueve. A su vez, y gracias a la estructura alargada de la parte gelatinosa, la endolinfa hace moverse esta parte, en la que se encuentran las prolongaciones. Y según se mueven las prolongaciones, las células sensoriales son capaces de mandar señales.

Una vez más, combinando la información que ofrecen los tres canales semicirculares (por ejemplo, al caminar en una dirección concreta, el líquido de un canal se moverá más que el de los otros dos, y lo hará en un sentido y no en el otro) somos capaces de saber cómo nos estamos moviendo.

Y esto también es relativamente fácil de comprobar. Basta cerrar los ojos en cualquier atracción de feria. Aunque andemos un poco despistadas porque los movimientos son muy rápidos, en general podremos distinguir si nos propulsan hacia delante, hacia atrás, hacia los lados, hacia  arriba, hacia abajo o de forma oblicua.

Os animamos a cerrar los ojos y prestar un poco de atención a vuestro sentido del equilibrio, tanto estático como dinámico. Aunque muchas veces no lo tengamos presente, es tan importante como  los receptores del dolor que nos indican que alguna parte de nuestro cuerpo está dañada o incluso la vista.

 

Fuentes (también del artículo anterior):

Organografía microscópica animal comparada, Benjamín Fdez, Isabel Suárez, Miguel Rubio y Guillermo Bodega, Ed. Síntesis, 1º Edición.

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